Penicilina, ¿buena o mala?

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La mayoría de la gente usa la penicilina para poder aliviar malestares causados por bacterias, pero lo que no saben es que la penicilina también hace daño cuando se consume con una gran frecuencia, este trabajo se enfoca en generar conciencia de que hay más soluciones que solo la penicilina para aliviar diversos malestares y que los doctores no deberían de recetarla tan frecuentemente.

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Hay varios tipos diferentes de penicilinas. Cada uno se utiliza para tratar diferentes tipos de infecciones, en general no se puede usar un tipo de penicilina en lugar de otro, ya que no se atacaría a la bacteria o causaría más daño al individuo.

A veces se administra con otros medicamentos antibacterianos (antibióticos). Algunas de las penicilinas también se pueden usar para otras enfermedades según lo determine su médico, sin embargo, ninguna de las penicilinas es efectiva para resfriados, gripe u otras infecciones virales, como es costumbre creer.

Por eso en ese trabajo también se desmentirán algunos supuestos que se hacen de la penicilina, la cual creen muchos que sirve para aliviar más malestares que no tienen que ver nada con lo que alivia la penicilina.

También se mencionara la alergia a la penicilina, algunas medidas que se deberían de tomar en cuenta antes de tomar penicilina, precauciones que se deben de tomar y al final se dará un pequeña opinión de si es bueno o no usar penicilina.

¿Qué es la penicilina?[edit]

La penicilina fue el antibiótico que revolucionó el tratamiento de las infecciones bacterianas como la neumonía, sífilis, tuberculosis y gangrena, y dio origen a la industria farmacéutica. Su descubrimiento se debe a Alexander Fleming, bacteriólogo del Hospital St. Mary de Londres, quien estaba interesado en el desarrollo de métodos de profilaxis y asepsia. Continuando con sus búsquedas, un día observó una vieja placa de Petri que había quedado en el estante, en la placa había cultivado estafilococos (bacterias), los que inicialmente habían cubierto toda la placa de cultivo pero al cabo de un tiempo la placa se había contaminado con hongos. Sorprendentemente, alrededor del hongo se observaba un enorme halo sin bacterias. Era evidente que el hongo (Penicillum notatum) producía “algo” capaz de matar a las bacterias y Fleming llamó a este principio activo “penicilina notatum”.[1]

En 1938 fueron los ingleses Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain quienes retomaron las investigaciones de Fleming, aislaron la penicilina y realizaron los experimentos claves en ratones, para probar si era segura para consumo humano. Los ensayos clínicos se iniciaron en 1941 y en 1943 comenzó la producción comercial en Estados Unidos. Fleming compartió en 1945 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina con Florey y Chain por sus contribuciones al desarrollo de la penicilina.

Esa es la historia de cómo fue descubierta o encontrada la penicilina, pero aún falta ver un poco de su historia más personal que es lo que tiene que mata a las bacterias y nos hace sentir mejor.

Las penicilinas pertenecen a una familia de compuestos químicos con una estructura química peculiar que le confiere una actividad característica contra un grupo determinado de bacterias. A pesar de que existen diferentes variantes, la estructura química esencial de la penicilina fue descubierta entre 1942 y 1945, la mayoría de las penicilinas poseen como núcleo químico el anillo 6 -aminopenicilánico y difieren entre sí según la cadena lateral anclada a su grupo amino.

Sólo puede destruir a los organismos que están creciendo y multiplicándose, no a los que se encuentran en estado latente. Es muy efectiva contra un amplio espectro de microorganismos responsables de diversas enfermedades, como los neumococos, los estreptococos, los gonococos, los meningococos, el bacilo Clostridium tetani causante del tétanos y la espiroqueta responsable de la sífilis.

La penicilina actúa disolviendo, no se conoce por completo el mecanismo de acción de las penicilinas, se sabe D-alanil-D-alanina terminal esta situada en la cadena lateral peptídica de la subunidad del peptidoglicano, el carácter bactericida deriva de su intervención como inhibidor del proceso de transpeptidación (es una enzima bacteriana cuya función es realizar enlaces cruzados en la formación de las cadenas que constituyen al peptidoglicano en la pared celular de muchas bacterias.) durante la síntesis de aquel. De este modo, la penicilina actúa debilitando la pared bacteriana y favoreciendo la lisis osmótica de la bacteria durante el proceso de multiplicación. La pared celular de las bacterias, dispersando su citoplasma y otros sistemas celulares, lo cual las va deshaciendo. Un componente esencial de la pared celular bacteriana es la transpeptidasa, que acepta las moléculas de la penicilina como un accesorio sustrato, la penicilina se activa, previniendo las reacciones del peptidoglicano que fortalecen los eslabones de la pared celular. Esto conduce inevitablemente a la citolisis y la muerte celular.[2]

Alergia a la penicilina.[edit]

La alergia a la penicilina es una reacción exagerada del sistema inmune a la penicilina y a antibióticos relacionados, los síntomas pueden variar desde una erupción cutánea hasta anafilaxia, una enfermedad potencialmente mortal.

La penicilina es muy recetada por varios doctores, pero no todas las reacciones que causa la penicilina es por alergia si no que tiene un cierto de toxicidad y de efectos secundarios, por lo que tener una reacción al consumir penicilina no significa que sea por una alergia.

El tratamiento de los signos y síntomas que se desarrollan durante una reacción alérgica a la penicilina depende de qué tipo de reacción tenga.

La anafilaxis es la reacción alérgica al medicamento más rara y grave. Puede ser de peligro mortal y requiere una inyección de epinefrina (adrenalina) y atención de emergencia para mantener la presión arterial y la respiración de apoyo.

Las erupciones o ronchas pueden mejorar cuando son tratadas con antihistamínicos, como la difenhidramina (Benadryl, otros). Las reacciones más graves pueden requerir tratamiento con corticosteroides por vía oral o inyectada.Cite error: Closing </ref> missing for <ref> tag

Efectos secundarios de la penicilina.[edit]

Por lo general, la penicilina es empleada con gran frecuencia por su eficacia terapéutica y escasa toxicidad, por lo que cuando a un paciente se le administra penicilina no son muchos los riesgos que corre, sin embargo, los efectos adversos más comunes pueden producir fiebre, diarrea, asma, anemia hemolítica, neutropenia y vasculitis. Entre los peligros más graves están las reacciones anafilácticas, que en otras palabras se trata de una fuerte y peligrosa reacción alérgica a este antibiótico, que puede llegar incluso a causar la muerte. De hecho se ha reportado anafilaxia en más de un 0,05% de los pacientes tratados con penicilina, más frecuentemente en aquellos tratados con penicilina G y han sido fatales hasta un 10% de los casos reportados. Sin embargo, las consecuencias de la reacción alérgica son mucho más tenues si la penicilina ha sido administrada por la vía oral en vez de ser administrada en forma parenteral

Raramente en pacientes que reciben dosis altas de penicilina G, en especial en presencia de insuficiencia renal, pueden ocurrir convulsiones o una encefalopatía urémica debido a la acumulación de la droga.[3]

Algunos de los efectos secundarios que normalmente no requieren atención médica. Estos efectos secundarios pueden desaparecer durante el tratamiento, mientras su cuerpo se adapta al medicamento. Además, su profesional de la salud puede ser capaz de decirle sobre las formas de prevenir o reducir algunos de estos efectos secundarios. Consulte con su médico si presenta cualquiera de los siguientes efectos secundarios continúan o son molestos o si tiene alguna pregunta acerca de ellos.

Se le mostrara una lista de los efectos secundarios que se puede tener si se consume penicilina empezando por los más comunes y terminando por los menos comunes:

·        Diarrea (leve)

·        Dolor de cabeza

·        Dolor en la boca o en la lengua

·        Comezón y la secreción vaginal

·        Manchas blancas en la boca y / o en la lengua

·        Respiración rápida o irregular

·        Fiebre

·        Dolor en las articulaciones

·        Mareo o desmayo (repentino)

·        Inflamación o hinchazón alrededor de la cara

·        Piel rojiza y escamosa

·        Dificultad para respirar

·        Erupción cutánea, urticaria, picazón

·        Calambres abdominales o de estómago y dolor (severo)

·        Sensibilidad abdominal

·        Convulsiones (ataques)

·        Disminución de la cantidad de orina (anuria)

·        Diarrea (acuosa y grave), que también puede tener sangre

·        Depresión mental

·        Las náuseas y los vómitos

·        Dolor en el lugar de inyección

·        Dolor de garganta y fiebre

·        Sangrado o moretones inusuales

·        Ojos o piel amarillos

·        Agitación o combatividad

·        Ansiedad

·        Confusión

·        Sentir, oír o ver cosas que no son reales

Opinión[edit]

La penicilina es un medicamento el cual revoluciono la medicina siendo una nueva alternativa a los antibióticos, a partir de que se descubrió se desarrollaron varios medicamentos y aun en la actualidad es uno de los medicamentos más usados.

Todo medicamento tiene efectos secundarios ningún medicamento es 100% seguro, ya que cada organismo va a responder distinto, por lo que es bueno saber todos los efectos secundarios que puede proporcionar el medicamento, ya que nunca se sabe con certeza como es que reaccionara.

Este trabajo fue hecho para que hubiera conciencia de que si es seguro o no usar la penicilina, por lo que a mi parecer es seguro mientras se use con moderación y siempre con indicaciones de un médico, ya que el uso desmedido puede  causar muchos efectos secundarios o llegar a generar alergias.

Espero que con este trabajo tomes más en cuenta lo que puede causar la penicilina y que tomes tu criterio sobre tomarla o no, espero que esta información te ayude a tomar una buena elección.

Referencias[edit]

  1. Fresquet, Jose L.; Historia de la medicina: Bibliografías; Ernst Boris Chain; Universidad de Valencia; 2009
  2. Prescott, L.M. (1999). Microbiología. McGraw-Hill Interamericana de España, S.A.U. ISBN 84-486-0261-7.
  3. Valsecia, Malgor; “Antibiotios Betalactámicos”; UNNE: Facultad de Medicina;